La economía argentina enfrenta un escenario desafiante tras conocerse que la inflación de marzo fue del 3,4%, lo que representa el décimo mes consecutivo en el que el índice de precios sube o se mantiene estancado sin mostrar una tendencia a la baja.
“El factor político ya suena más a excusa: tras dos años y una elección de medio término ganada, es difícil sostenerlo como causa de la inflación. Puede influir, pero es un problema estructural de la economía argentina, no estrictamente monetario.”
Según el economista Nicolás Aroma, este dato pone en duda la teoría oficial que atribuye la inflación exclusivamente a factores monetarios, sugiriendo que la realidad es mucho más compleja e incluye factores de costos, como el precio del petróleo, y cuestiones estructurales del gobierno.
A pesar de que el gobierno ha implementado tres «anclas» principales —el ajuste fiscal extremo, el ancla salarial (con sueldos perdiendo poder adquisitivo) y un tipo de cambio apreciado—, la inflación persiste.
«El problema es que en la economía argentina se necesita más pragmatismo que dogma: si la realidad no encaja en la teoría, hay que adaptarla. Quien conduce la política económica debe usar sus herramientas, pero también estar dispuesto a modificarlas.”
Aroma señala que el superávit fiscal récord no ha logrado frenar la escalada de precios, lo que plantea un problema teórico difícil para la gestión actual, que se mantiene aferrada a la ortodoxia económica.
“Lo que te dice el pragmatismo económico es que ahora vos tenés que expandir el gasto fiscal para contrarrestar un poco el ciclo, y eso es lo que no está dispuesto a hacer. Entonces, cuando vos tenés que salir a gastar un poco más para que la economía se reavive un poco y no esté tan caída, tenés un problema.»
Además, advierte que hacia adelante podrían aparecer nuevas presiones inflacionarias no monetarias derivadas de la reducción de subsidios en tarifas y servicios.
«Si sigue con el ajuste fiscal, yo no veo que haya una reducción por parte del tema de las tarifas y los servicios. Entonces, vamos a encontrarnos con que en mayo o en junio la inflación de los servicios sea la que te empuje la inflación hacia arriba porque hay menos subsidios. Ahí tenés otra causa de inflación que no es no monetaria, pero que va a aparecer.»
El contexto actual se define como una economía recesiva, donde la inflación del 3,4% coexiste con una caída generalizada de la actividad y el consumo. Esta situación afecta de manera desigual al país; mientras sectores como el energético o minero muestran dinamismo, provincias como Mendoza sufren el impacto pleno del ajuste al no participar de esos circuitos económicos. Aroma destaca que el éxito de las reformas corre riesgo si los niveles de subsistencia y consumo de la población continúan deteriorándose, especialmente ante la falta de ingreso de dólares por parte de privados.
