«Lo que ocurre es que a partir de las modificaciones constitucionales que se han hecho en los últimos 7 años, el poder real está en manos del Congreso más que del presidente.»
Menéndez argumenta que esta situación es un reflejo de una deformación política histórica donde la corrupción y la judicialización son endémicas, operando en un sistema híbrido donde el Congreso detenta el poder real para destituir mandatarios con gran facilidad. El resultado: en una constante rotación de líderes políticos que terminan expuestos al sistema legal.
La economía y sobre todo la formal y en parte la informal funciona casi como en una realidad paralela.
Mientras la esfera política y judicial experimenta esta volatilidad, la economía (impulsada por un Banco Central autónomo y una fuerte economía informal del 70%) funciona en una realidad casi paralela, haciendo que a la gente «no le importe mucho quién gobierna» porque la economía no se ve afectada directamente por los cambios políticos.
