Tomando como referencia dos libros de investigadoras argentinas —»Contra el autoritarismo de la libertad financiera», de Verónica Gago y Lucía Cavallero, y «Sin padre, sin marido y sin estado: feministas de las nuevas derechas», de Melina Vázquez y Carolina Spataro—, la socióloga apunta a que la deuda funciona como un dispositivo que activa una promesa de «poder hacer»: el discurso de la estabilización macroeconómica habilita el acceso a créditos y financiamiento bajo la idea de que eso permitirá emprender, comprar una vivienda o crecer.

Según explicó, esa promesa se cruza con un discurso que apela específicamente a las mujeres bajo la idea de una liberación «sin padre, sin marido y sin estado», equiparando al Estado con las figuras de autoridad masculina que históricamente condicionaron la autonomía femenina sobre sus cuerpos y recursos. Para la columnista, ese cruce entre deuda, discurso emprendedor y promesa de autonomía explica en parte por qué sectores de mujeres respaldan proyectos económicos que, sin embargo, terminan siendo particularmente perjudiciales para ellas.

Milagros sostiene que los sectores críticos de este modelo económico se concentraron en señalar sus efectos negativos —el endeudamiento, el empobrecimiento— pero descuidaron la dimensión afectiva y la construcción de un relato de futuro, terreno en el que considera que el discurso oficialista logró instalarse con fuerza, primero apelando a la bronca y después a una narrativa de expectativa («la foto es mala, pero la película es buena»). En ese sentido, plantea que la tarea pendiente de los espacios progresistas es construir una propuesta y un relato de futuro que parta de los datos disponibles —que muestran que este tipo de modelo no ha funcionado históricamente en el país— en lugar de ceder ese terreno narrativo.

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