En esta entrega, exploramos por qué la humanidad ha decidido retomar el camino hacia nuestro satélite natural, una inversión que asciende a los 93.000 millones de dólares, un recorrido que traerá nuevos desafíos y conocimientos como el de la ciencia lunar.

La Luna ofrece condiciones únicas para la investigación: su «cara lejana» (mal llamada «cara oculta», ya que recibe luz solar pero no es visible desde la Tierra) es un lugar excepcionalmente silencioso para instalar radiotelescopios y detectores de ondas gravitacionales, protegidos de la interferencia radioeléctrica terrestre. Además, la geología lunar abre la puerta a la utilización de recursos locales, como el regolito para la construcción y el hielo de agua en los polos para generar oxígeno y combustible.
Beatriz también se refiere al nuevo hito de la ciencia argentina. A pesar del contexto de recortes presupuestarios en el sector científico nacional, la misión incluyó al microsatélite argentino Atenea. Desarrollado por universidades públicas (UBA, UNLP, UNSAM) junto a la CONAE y el IAR, este dispositivo del tamaño de una caja de zapatos logró probar con éxito sistemas de blindaje contra la radiación cósmica a 70.000 kilómetros de la Tierra, demostrando la capacidad de la cooperación tecnológica argentina en la frontera del conocimiento.

Compartir:

Facebook
WhatsApp
Twitter
Email
Telegram
Blog post image

Scroll al inicio