Manuel Vilapriño analiza la situación de la salud mental en Argentina, contrastándola con el debate europeo sobre la eutanasia en pacientes psiquiátricos.
La eutanasia en la Argentina no está legislada, por lo tanto lo que se hace es seguir trabajando en la posibilidad de recuperar a la persona y mejorar su calidad de vida.
En la Argentina, a diferencia de otros países, no existe legislación sobre la eutanasia, especialmente para enfermedades mentales; por ello, el sistema de salud se enfoca en trabajar para recuperar al paciente y mejorar su bienestar.
Son enfermedades que lo que al no ser terminales, dependiendo del tipo de enfermedad y las características propias de la persona, nos dan márgenes de recuperación en muchos casos.
Actualmente, se registra un alto impacto de trastornos de ansiedad (36-42%) y depresión (12-20%), patologías que, junto con las adicciones y trastornos alimentarios, se han duplicado desde la pandemia. Esta tendencia creciente responde a una combinación de predisposición genética y factores ambientales, como el estrés crónico, los problemas socioeconómicos y el individualismo, que afectan la calidad de vida y generan un impacto epigenético negativo en la población.
Frente a cuadros graves o crónicos, Vilapriño destaca que la interdisciplina es la clave, sumando al tratamiento farmacológico herramientas como la psicoterapia, el acompañamiento terapéutico y los centros de día para evitar el sufrimiento.
Está repleto de gente que tienen enfermedades mentales y tienen una calidad de vida muy buena, que uno muchas veces ni siquiera se da cuenta que están bajo un tratamiento farmacológico.
El psiquiatra remarca que, más allá de los dispositivos que pueda abrir el Estado, la solución fundamental reside en fortalecer el núcleo social, familiar y los vínculos comunitarios.
La mayoría de los casos, la grandísima mayoría de casos pueden abordarse y buscar siempre mejorar la calidad de vida, aún con las limitaciones que eso pueda tener.
