El analista político Nicolás Freire examina la histórica victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta presidencial chilena, destacando tres factores clave: haber sido el candidato más votado (debido en parte al voto obligatorio), ganar en todas las regiones del país, y obtener un margen de victoria notable con el 59% (solo siendo superado por Michelle Bachelet, que logró el 62% en su segunda candidatura). Freire explica que este triunfo, aunque previsible, es sorprendente dada la trayectoria política del país desde 2019, y otorga a Kast una gran legitimidad para impulsar su agenda.
«Estas tres causas por las que llega al poder son muy importantes porque van a dar cuenta de con qué legitimidad y con qué respaldo él sienta que va a llegar a la Presidencia de la República, e incluso de hasta dónde crea que puede acelerar.»
Freire atribuye el resultado a varios elementos, incluyendo la pérdida de rumbo de la centroizquierda, el descontento con el gobierno de Boric (agravado por el fracaso de la reforma constitucional) y el éxito de la campaña de Kast al apelar a la emocionalidad sobre la racionalidad:
«No es cierto que el país se esté cayendo a pedazos, como afirma José Antonio Kast. Sin embargo, sí es cierto que ha habido problemas relevantes, como indultos mal gestionados, deficiencias en la gestión y casos de corrupción en algunas fundaciones que recibían fondos públicos.»
El analista chileno subraya que la elección fue determinada por una percepción de inseguridad generalizada —a pesar de que Chile sigue siendo relativamente seguro— vinculada al aumento de la delincuencia y el temor a la migración irregular, un relato que Kast capitalizó efectivamente haciendo que resonara emocionalmente en los votantes.
