La posible derogación de la Ley de Defensa de la Actividad Librera, impulsada por el gobierno nacional en el marco de una reforma de desregulación, enciende las alarmas en el sector editorial y librero. La medida eliminaría, entre otras cosas, el sistema de precio único del libro, que hoy impide que las grandes cadenas compitan por precio y desplacen a las librerías independientes.
«Si hay libertad de poner el precio, a los únicos que va a beneficiar es a las grandes cadenas. Ellas tienen un mayor descuento que las librerías independientes y pueden bajar el precio, cosa que nosotros no podemos porque si no no nos quedan márgenes para pagar sueldos, servicios y demás.»
Pilar García Santos, librería mendocina con trayectoria en el sector, explicó que esta política tiene antecedentes en Europa pero que una vez implementado hizo desaparecer a las pequeñas librerías e impusieron el precio que quisieron.
«En Inglaterra se levantó la ley del precio único y cerró un tercio de las librerías, quedando solo monopolios. A los dos años pusieron cualquier precio, o sea, tampoco benefició al lector.»
El impacto, según García Santos, no se limita a las librerías: afecta a toda la cadena del libro, incluyendo autores, editores, correctores, traductores, ilustradores y diseñadores. También pone en riesgo la diversidad editorial, ya que las librerías independientes son las únicas que comercializan publicaciones locales y de editoriales chicas que las grandes cadenas no aceptan.
«Las librerías independientes aceptamos libros locales, cosa que las grandes cadenas no aceptan. Hay muchísimas publicaciones de muy buenos escritores mendocinos que no van a poder llegar al lector. Van a manejar el mercado con menos diversidad de libros y opiniones, es como manejar lo que se puede leer en Argentina.«
En cuanto a la situación actual del sector, la librera reconoció que las ventas están muy complicadas por la pérdida de poder adquisitivo, aunque observó que los adultos siguen comprando libros para los chicos, conscientes de la diferencia entre leer en papel y consumir contenido en pantallas.
«Lo que siempre nos ha diferenciado de otros países latinoamericanos es el nivel cultural, y eso es gracias a la lectura. Yo siempre digo: si no pueden comprar un libro están las bibliotecas.»
